Era un día cualquiera. Con sinceridad ya no me acuerdo si era invierno o verano. Si era primavera u otoño. Desde luego sería un día corriente ya que no hacía ni frío ni calor. Eso sí, era en el turno de la mañana, antes de comer. Pero ni así podría hacer lo que Cayo Mucio Scévola. Y sin embargo aquello me dejó un recuerdo indeleble.
Estábamos tres personas. Mi señora madre, mi señora a secas y yo, poco señorón, algo señorito. Entró una muchacha, ni muy joven, ni muy mayor, ni muy guapa, ni muy fea. De hecho, entró una señora corriente. Eso sí, muy diligentemente y con algo de nerviosismo nos dijo:
- Hola, vengo por una cosa que no sé como explicar.
- No pasa nada -dije raudo-. Comienza por algo y por ahí averiguaremos que es lo que quieres.
En aquella época no sé si yo tuteaba a los clientes o no. Yo no la conocía, pero eso es normal en mí. Mis compañeras de mostrador asintieron, acostumbradas a adivinar los deseos de la clientela.
- Pero es que no sé cómo decirlo. No sé cómo llamarlo.
- ¿Se trata de algo para el colegio?
- No. No es eso.
- ¿Algo para leer? ¿Para escribir?
- No. Tampoco. ¿Cómo podría decir...?
- ¿Es algo para pegar?¿Para cortar? ¿Tal vez para borrar?
Mis colegas insistían:
- ¿Quizá se trata de una revista? ¿Quieres hacer fotocopias? ¿Encuadernación?
A todo decía que no, que no es eso, mientras miraba como angustiada. Y repetía:
- Es que no sé cómo explicarlo.
Desesperados, la bombardeábamos con más sugerencias.
- ¿Es sólido, líquido, gaseoso? ¿Es duro, es blando? ¿Es un objeto o un servicio?
- No sé como llamarlo.
Tras dos minutos de propuestas y negativas, más lamentaciones por la incapacidad semántica por parte de la pobre cliente, ésta se disculpó y lo dejó por imposible. Se despidió ante nuestros atónitos ojos.
Reflexionamos sobre el asunto y aquella noche no dormí intentando aclarar el imposible misterio. Si no hubiera sido por mis dos testigos, no sabría si sucedió o no. Si es exacta la anécdota o no. Si es posible no poder hablar de algo que se tiene en mente o no.
Si es posible decir lo indecible.
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Genial.... Lo recuerdo perfectamente.... La chavala quería "una cosa" pero sabía como explicarlo. De hecho, y sin venir a cuenta, la palabra "cosa" es una de las palabras más útiles para aprender en otro idioma.
ResponderEliminarLa frustración de no conseguirle algo me dejó un fuerte recuerdo.
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